Las abuelas suelen decir eso de que para lucir hay que sufrir. Bueno, en este caso no era cuestión de lucir, sino de ganar. Y sí, España sufrió. En la ida, en la vuelta y lo hará en la final a cuatro si no ajusta ciertas cosas. Pero aquí está, por tercera vez en cuatro ediciones, entre los cuatro mejores de la Liga de Naciones de la UEFA. No es casualidad.
Antes de entrar en el partido, hay que hablar de la decisión de Luis de la Fuente de dejar a Pedri en el banquillo. No parece la mejor idea cuando, seguramente, es tu mayor certeza competitiva. Todo por su cabezonería de que es un «10» y no un «8», cuando en el Barça está demostrando que es el mejor del mundo desde esa posición. Pero bueno, vamos al juego.
España salió bien. Pudo haberse puesto 2-0 arriba nada más empezar, pero solo logró un gol. En general, fue un primer tiempo aplicado, sin conceder demasiado a una Holanda que, eso sí, nos obligó a recular más de lo que nos gustaría. Costaba robar y evitar que nos hundieran. A nivel defensivo, Dean Huijsen, Robin Le Normand y, sobre todo, Martín Zubimendi estuvieron muy atentos. En ataque, España encontraba caminos claros tras el robo. Lamine Yamal no estuvo fino y Dani Olmo, directamente, muy errático. Por el contrario, Nico Williams y Mikel Oyarzabal destacaron. España progresaba con claridad, ya fuera con Zubimendi incrustado en primera línea, Óscar Mingueza bajo, Fabián Ruiz viniendo a zona de lateral o a través de conducciones, sobre todo de Huijsen, que estuvo muy atrevido con balón y dejó dos o tres pases que pusieron a sus compañeros en manifiesta ventaja. Holanda le flotó demasiado, y lo aprovechó.
Pero en la segunda mitad, todo cambió. Holanda subió el nivel, fue mucho más agresiva y eficaz en la presión, y le complicó enormemente la salida a España. Aun así, llegó el gol de Oyarzabal en el minuto sesenta y siete. El problema es que, más allá de eso, el equipo ofreció muy poco. Como en la primera parte, lo mejor vino de Nico, que generó peligro con su regate y desborde, y del propio Oyarzabal, un jugador hoy día bastante limitado, pero que lo compensó con lectura e inteligencia en sus movimientos. Mientras tanto, Olmo seguía en su mal día (además, cometió la pérdida que acabó en el 2-2) y Lamine, aunque sin estar brillante, insistía y generaba.
Si en la ida en de Kuip ya había costado, en Mestalla volvió a quedar claro: España apenas se juntó alrededor de la pelota y sufrió horrores para mantener la altura defensiva y evitar que le empujaran atrás. Holanda tenía demasiada facilidad para llevar el partido cerca de Unai Simón, algo que se mantuvo a lo largo de toda la eliminatoria. En la segunda parte, además, bajó el nivel defensivo de Huijsen y, sobre todo, de Le Normand, que cometió un error grave en la acción del penalti, aunque la decisión arbitral sigue siendo bastante discutible.
Luego llegó la prórroga, el golazo (del genio) de Lamine, el nuevo empate de Holanda y, finalmente, los penaltis. Ahí emergió Unai para sellar el pase a la Final Four. La tercera en cuatro ediciones. Un dato que refleja la competitividad que la selección ha sabido mantener tras (y gracias al legado y a) la era de los Xavi Hernández, Andrés Iniesta, Sergio Ramos, Gerard Piqué, Iker Casillas y compañía. Hay mucho por mejorar de cara a lo de junio, pero los nuestros volverán a estar ahí.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.