Luis de la Fuente es un buen entrenador. Lo demostró en la Eurocopa 2024, donde supo entender el talento de sus mejores jugadores y darles un contexto en el que les resultara más sencillo brillar. No les puso trabas. También hay que reconocerle el acierto de apostar por Fabián Ruiz, una decisión que resultó clave en el título. Ese es, en mi opinión, el trabajo de un buen entrenador: más que insistir en ciertos automatismos o modelos prediseñados, comprender a sus futbolistas y utilizarlos con coherencia.
Sin embargo, lo que ha venido después está dejando ver el otro lado del técnico español: su cabezonería o su poca cintura. Si algo ha quedado claro con Hansi Flick en el Barça es que Pedri rinde mejor en la base. Desde ahí, organiza, da sentido al juego y marca innumerables diferencias. Pero ni con esas. Luis sigue empecinado en fijarle en el entre líneas, mientras que Fabián se mantiene en la base.
En la Eurocopa tenía su sentido: Pedri no estaba en su mejor momento y se comprobó que Fabián atravesaba un momento dulce. Pero ahora la situación ha cambiado. Pedri está a su mejor nivel, y Fabián, por muy bueno que sea en la base, no juega en la misma liga. Y si encima Rodri Hernández no está, la decisión resulta aún más cuestionable.
El empate contra Holanda no se debió a esto. España no logró imponer su presión, sufrió para contener a los dos extremos (Jeremie Frimpong y Cody Gakpo) y para gestionar las recepciones entre líneas, lo que permitió a los neerlandeses llevar el partido cerca de Unai Simón en muchos momentos. Pero quizás colocar a Pedri donde marca mayores diferencias habría dado más fluidez al equipo.
Luis de la Fuente entendió a los suyos en la Eurocopa. Ahora tiene el reto de demostrar que también sabe adaptarse cuando las circunstancias se lo exigen.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.