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El diluvio de Pedri

Si no es Lamine, es Pedri. Y si no es Pedri, es Lamine. Y si no, son los dos

FC Barcelona
Los futbolistas del FC Barcelona celebran el gol de Raphinha en el minuto 96 que selló el 4-5 definitivo en el Estádio da Luz en la jornada 7 de la Champions League.
Miércoles, 22 de enero de 2025 - 20:50 | Tiempo de lectura: 2 min

El diluvio que marcó el emocionante partido de ayer no fue el que cayó sobre el Estádio da Luz en forma de lluvia, sino el que inundó el campo en forma de fútbol. El diluvio de Pedri. Su juego es como una cascada, un goteo constante que, acción a acción, cala por completo a los rivales. Esta vez, sobre los jugadores del Benfica.

El Barça estuvo cerca de repetir otra debacle en Lisboa. No al nivel del 2-8 ni del 3-0 en la era Koeman, pero sí una que habría sido significativa por lo que estaba en juego (asegurar el pase entre los primeros del grupo y evitar jugárselo ante una siempre complicada Atalanta). Y es que el Barça hizo méritos para ello.

La primera mitad fue un horror en muchos (muchísimos) sentidos. El equipo no daba ajustado la presión (y el Benfica atacó bien —hizo lo que vienen haciendo los equipos que más daño le han hecho al Barcelona: atacar desde fuera y no frontalmente la línea tal alta que propone Flick y meter mucho giro de juego, ya sea raseado o a través de cambios de orientación—), cometió errores grotescos y tuvo rendimientos individuales bajísimos. Hasta Lamine estuvo flojete. Como acertadamente dijo Albert Morén en su perfil de X, es más fácil decir lo que estuvo bien: Balde y, cómo no, Pedri.

Aparte de lo de Szczęsny, especialmente llamativo fue lo mal que volvió a estar Lewandowski, que arruinaba prácticamente todo lo que tocaba, y lo desaparecido en combate que estuvo Raphinha (y lo fallón que estuvo en las contadas acciones en las que participó). Ya como opinión algo más subjetiva, a mí me gustó bien poco Araújo. Lo comenté en la segunda mitad, muchos de sus pases no llegan bien al compañero: a la pierna menos dominante, con botes o simplemente mal colocados. Y uno de los que más lo nota es Lamine, que ahora recibe los pases de él en lugar de los de Cubarsí.

En la segunda parte, la tónica fue algo distinta, pero tampoco mucho. El equipo no lo hizo del todo mal, permitió correr menos a los lisboetas, pero volvieron a aparecer errores grotescos (esta vez, Araújo) y algunos rendimientos individuales un tanto bajos (Raphinha, Lewandowski o el propio Lamine). Como noticia positiva, lo de Frenkie de Jong, que parece estar recuperándose para la causa. Su entrada le sentó bien al Barça.

Pues bien, cuando el equipo parecía haber abandonado a Pedri a su suerte, apareció Eric para aprovechar por fin uno de esos maravillosos pases que dejó el canario. Y Raphinha, en prácticamente la última jugada, en una acción sublime, le dio la victoria al Barça. El brasileño no quiso que Pedri se fuese a casa sin los 3 puntos. El tipo (Rapha) está a un nivel que yo jamás hubiese esperado.

Si no es Lamine, es Pedri. Y si no es Pedri, es Lamine. Y si no, son los dos. Pase lo que pase, el Barça siempre tiene en ellos, o en al menos en uno, a sus agentes del caos. Y sobre todo es por eso que el equipo, de una vez por todas, parece haber entendido las normas que rigen en la Copa de Europa. Porque aquí, que te golpeen es lo normal, y si lo hacen, lo aceptas y respondes, como el Barça ya ha hecho y muy bien ante Bayern, Dortmund o ayer ante Benfica.

Biografía

Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.