Como comenté en mi artículo de hace algunas semanas, el Barça ya puede competir dejando cabos sueltos. Ayer lo volvimos a ver. Hubo muchos momentos en los que no controló algunos aspectos, incluso demasiados, pero terminó ganando. Así debe ser en la Champions. Si no entiendes esto, olvídate. Y parece que el Barça lo está entendiendo.
Este cambio tiene mucho (muchísimo) de mentalidad. Ya casi no quedan futbolistas en la plantilla que arrastren los fantasmas de las Champions pasadas. Pero igual de importante, o incluso más, no lo sé, es que el equipo vuelve a tener mimbres. Está bien construido, y hay dos jugadores, Lamine Yamal y Pedri González, que cuando las papas queman, mejor juegan. En el momento en que el Barça se vio sumido en la locura que el Dortmund y su estadio imprimieron al partido, ellos emergieron. Agarraron la pelota y comenzaron a inventar. Gobernaron en el caos.
Si bien el Barça fue mejor en la primera mitad (el Dortmund no cerraba bien sobre la recepción de Olmo, y el Barça aprovechó esto para quitarle la iniciativa de defender hacia delante), la segunda fue otra historia. El partido se volvió mucho más equilibrado, con un Dortmund que tuvo más momentos y que entendió muy bien cómo atacar al Barça. Los alemanes, con la calidad pasadora de Bensebaini y Schlotterbeck en la primera línea, generaron muchos problemas a un equipo que no terminaba de ajustar bien la presión.
Y ahí, en ese contexto de descontrol, donde más necesitas que aparezcan los buenos, los buenos aparecieron. Cada uno a su manera. Pedri (escoltado por un brutal Marc Casadó), con su calidad, su pausa y esa capacidad para tomar siempre la mejor decisión. Y Lamine… Lamine porque es especial. Pero especial de verdad. Como ya hizo ante el Mallorca o el Betis, volvió a echarse el equipo a la espalda. Decir que el chaval ya es el mejor jugador del mundo puede sonar atrevido, pero después de partidos como el de ayer, cuesta decir otra cosa.
El tramo final fue una moneda al aire y entre ellos hicieron que cayese del lado del Barça. En el minuto 85, tras una pérdida del Dortmund, Pedri condujo con determinación, se la dio a Lamine y este puso un balón perfecto para Ferran. Aunque el control inicial de Ferran fue desastroso, el pase era tan bueno que le dio tiempo a acomodarse la pelota y soltar un disparo tremendo. Era el 2-3. Un gol nacido del talento de los que nacieron para marcar la diferencia.
El Barça volvió a ganar en Champions ante un rival de los duros, y lo hizo gracias a Pedri y, sobre todo, a Lamine. Ambos fueron el hilo conductor de un equipo que fue perdiendo el control del partido, pero que los tenía a ellos, a los agentes del caos. Fueron, y son, hielo en el fuego.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.