El Real Madrid, pese a haber completado una actuación que, en mi opinión, no fue nada del otro mundo, llegaba al Santiago Bernabéu con un resultado favorable (2-3). En la ida, había generado ocasiones como para no sufrir tanto por sacar el partido, pero tuvo que ser el propio Manchester City, una vez más esta temporada, quien se disparase en el pie. Como dijimos en la previa, la sensación era de partido grande, aunque las circunstancias no lo acompañaran.
El Madrid mejoró en varios aspectos clave. Por fin aceleró su circulación, desplazó el balón con más velocidad de lado a lado y dejó de ser ese equipo que no solía llevar el balón rápido a sus cracks. Fue clave Ceballos, quien, jugando a pocos contactos, dinamizó las posesiones e hizo que la pelota corriese con rapidez. Tal como mencioné en los dos artículos de la semana pasada, no creo que sea un futbolista de nivel titular en un Real Madrid normal (porque el Madrid es excelencia), pero sí es un jugador valiente, con carácter y, sin duda, vital para esta plantilla.
Otra clave fundamental para que viésemos esta versión del conjunto blanco fue que, por primera vez en mucho tiempo, el Real Madrid no concedió de todo por dentro. Esta vez, cuando tocó bajar al barro, Mbappé, Vinicius y Rodrygo lo hicieron. El bloque se mantuvo corto, sin permitir giros y pases por dentro tan fáciles. Los medios rivales ya no jugaron a placer, y eso marcó una diferencia enorme.
Dicho esto, el Manchester City ayudó bastante. Su juego fue terriblemente plano. Durante casi todo el partido, el Madrid defendió prácticamente de cara, porque todo era balón al pie. Juraría que hasta que Savinho en el minuto 70 trazó un desmarque a la profundidad, ninguno la había atacado antes. Para una defensa bien organizada como la de los de Ancelotti, eso fue un regalo.
La otra gran noticia de la noche fue Kylian Mbappé. Primera gran noche de blanco. Su segundo y tercer gol son dos acciones técnicas espectaculares (y el primero tampoco era un gol fácil). La sensación de que el francés, definitivamente, ya está aquí.
En el mediocampo, el tema parece aclararse: el Tchouaméni mediocentro nada tiene que ver con el Tchouaméni central. Ayer se volvió a ver que, en su posición, sí que es máxima élite, aun con sus puntos débiles. Después de muchas pruebas, parece que Ancelotti ha dado con la tecla y podría haber encontrado su plan A. Fede Valverde de lateral creo que tiene condiciones para ser el número uno, Rüdiger y Asencio tienen nivel y casan bien, y Ceballos, como organizador, resulta imprescindible en este momento. Yo creo que Modrić sigue teniendo nivel para el día D, pero si Carletto no lo ve así, que es el que sabe, Ceballos es el hombre.
Y luego está el City. La sensación de fin de ciclo es evidente (el de estos jugadores, digo). No dio ni un atisbo de esperanza a su afición. De someter a niveles extremos a esto. Un equipo sin alma. Ya ni con balón es dominante. Los últimos mercados han sido desastrosos pese a gastar una millonada. Su columna vertebral está desgastada. De Bruyne sigue siendo único (ese pie y ese disparo no lo tiene nadie), pero necesita infinitamente más que antes para pesar. Y eso, claro, este equipo no se lo puede dar. Bernardo Silva, Foden y Gündoğan han caído en picado. La realidad es que este equipo parece agotado. Y con esto surge una pregunta: ¿y si estos jugadores no eran tan sumamente buenos y Pep Guardiola los elevó? Está claro que también influye la edad (muchísimo), pero, ¿y si no eran tan buenos? Salvo De Bruyne, ninguno ha rendido fuera al nivel tan altísimo que alcanzaron dentro del ecosistema citizen.
El problema de Pep es que, siendo el abanderado de un estilo, no tenía margen para rectificar. No podía decir a sus jugadores que tocaba un plan absolutamente de mínimos. De juntarse cerca de Ederson, de no meter mucho el pie (no asumo el riesgo de ser superado) y de salir en transición. Tampoco tenía piezas para ello. Guardiola convenció a su equipo de que su manera de jugar era la única válida, y cuando todo se torció, no pudo virar. Sin Rodri y sin poder cambiar nada, esto era la crónica de una muerte anunciada. Sin querer restar mérito al Real Madrid, que completó una gran actuación, este Manchester City hubiera revivido a un muerto si así se lo plantease. Y que sean los blancos, sus máximos rivales estos últimos años, quienes los hayan sentenciado, la verdad, tiene mucho de poético.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.