Kylian Mbappé, ese futbolista que parecía imparable, está atravesando un grave momento de duda. Desde mediados de 2023, su impacto ha estado lejos del nivel que todos esperábamos y estábamos acostumbrados. Exceptuando la vuelta de Champions contra la Real Sociedad, no recuerdo más partidos de nivel en los que haya ofrecido actuaciones dignas del jugador que asombró al mundo. ¿Qué ha pasado con el superhéroe? ¿Por qué parece haber perdido sus poderes?
Hay varias hipótesis que pueden ayudarnos a entender esta transformación. Para empezar, no podemos ignorar el contexto en el que Kylian se desarrolló como futbolista: la Ligue 1. Aunque nadie duda de su calidad, el campeonato francés es una liga en la que el duelo individual a «todo o nada» está a la orden del día. Esto favorecía enormemente a un jugador como Mbappé, que vive, digamos, del pim, pam, pum y gol. Su velocidad y potencia, muchas veces, eran suficientes para desbordar defensas en situaciones de esas de «cara o cruz». Pero esa misma facilidad pudo haberle jugado una mala pasada. En una liga así, Mbappé no tuvo que enfrentarse a contextos que le obligaran a mejorar en facetas en las que no era tan fuerte, como el pase o la gestión de espacios en situaciones más cerradas.
Esto no significa que Kylian no tuviera sensibilidad para jugar en zonas interiores (en situaciones de poco espacio). Al contrario, en ocasiones demostró que podía ser más que un «simple» jugador de carrera, desborde y finalización. Pero lo cierto es que el contexto de la Ligue 1 no le exigía trabajar estas habilidades de forma constante. Además, durante gran parte de su etapa en el PSG, compartió equipo con Neymar, un futbolista que, si bien le ayudaba a recibir en buenas posiciones cerca del área, también le quitaba espacio de recepción en zonas más retrasadas. Ney era mejor que él y, de alguna manera, «expulsaba» a Kylian hacia arriba.
Cuando la jerarquía cambió y Mbappé empezó a ser considerado el mejor jugador del equipo y del mundo, Neymar ya había bajado mucho. Sin embargo, el problema de fondo persistió: el PSG (Ney, por su naturaleza) seguía sin ser un entorno que le permitiera amasar balón y participar más en la creación, y él se acomodó. La llegada de Messi todavía agravó más esta dinámica, ya que Leo también era un jugador que monopolizaba mucho el juego. Así, Mbappé pasó de compartir vestuario con un crack que amasaba mucho balón a hacerlo con dos.
A pesar de este contexto que no le exigía ni un poco reinventarse/crecer, hubo momentos en los que Kylian, como decía antes, se mostró como el mejor jugador del mundo. La eliminatoria contra el Madrid en 2022 o la final del Mundial de ese mismo año son pruebas de ello. En esos meses, su rendimiento alcanzó picos impresionantes. Pero nunca terminó de dar ese paso más que, probablemente, necesitaba dar (aunque él, probablemente, no lo creyese así —porque con lo que tenía le bastaba—). Y ahí es donde surge otra cuestión: ¿es Mbappé un jugador que depende demasiado de ser una amenaza directa?
Si miramos a otros cracks históricos como Messi o Cristiano Ronaldo, vemos que no siempre buscan ir a portería. En contextos difíciles, saben encontrar otras maneras de hacer jugar peor al rival: aguantando el balón, moviéndose para liberar espacios o ralentizando el juego cuando es necesario. En cambio, Kylian, por lo general, siempre va a la yugular. Su estilo de juego está diseñado para atacar constantemente, lo que está bien en la mayoría de contextos, sobre todo si eres tan bueno, pero a un crack de los de verdad se le presupone algo más, como que pueda aportar pausa en escenarios que así lo requieran.
Ahora, en el Real Madrid, al no estar nada inspirado y ser el Madrid el club que es, pues estas carencias a las que antes no prestábamos mucha atención, parecen haber salido a la luz, y lo han hecho con mucha fuerza. La exigencia del conjunto blanco, esa presión constante que arrastra a todo el que tenga la más mínima duda y la necesidad de adaptarse a un estilo de menos «cara o cruz» están poniendo y van a poner a prueba a un jugador que, hasta ahora, no había necesitado dar ese paso más. Es posible que todo sea cuestión de tiempo, pero lo cierto es que, de un tiempo a esta parte, ese superhéroe al que nadie podía detener parece haber perdido su capa.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.