El Fútbol Club Barcelona llegaba a la final de la Copa del Rey como claro favorito. Sabía bien lo que tenía que hacer: tener paciencia en la circulación para castigar la habitual inoperancia defensiva de los de arriba del Real Madrid. Los blancos, por su parte, buscaban redimirse tras la dura eliminación en su competición predilecta ante el Arsenal. Yo esperaba un guion donde el Barça viviese la mayoría del tiempo cerca de Thibaut Courtois, pero la historia fue otra. El Real Madrid consiguió que fuese otra.
En el primer tiempo, el Barça fue claramente superior. Especialmente durante la primera media hora. Parecía el tercer capítulo de una trilogía. No tanto en la forma, pero sí en el fondo. El Madrid salió con la idea de robar arriba, pero tuvo muchos problemas para siquiera estar cerca de meter el pie. El Barça giraba muy fácil el juego por dentro: pase fuera, de ahí hacia dentro y ya ponían a un medio en buena situación. Tampoco cerraban bien los espacios a la espalda y a los costados de sus interiores (en ese apartado, Dani Ceballos estuvo flojo, flojo). Fue un baño. Los hundían de altura y los asfixiaban tras pérdida. Al Barça quizá le faltó un poco más de paciencia y un poco más de acierto en el penúltimo gesto.
El golazo de Pedri llegó tras una jugada en la que intervinieron los que, para mí, son los jugadores más especiales de este Barça: corte de Pau Cubarsí (que estuvo fenómeno), pase de Pedri en ventaja para Lamine, Lamine trazando su típica diagonal hacia dentro atrayendo rivales, pase de vuelta para Pedri y tiro al primer contacto a la escuadra. Una obra de arte.
A partir de ahí, el Madrid empezó a salir más veces de la presión. Gran parte fue mérito de un Jude Bellingham imponente, un clarividente Dani Ceballos y un casi siempre notable Fede Valverde. Así, pararon el agobio inicial y equilibraron algo el partido.
En la segunda parte, Carlo Ancelotti dio entrada al tocado Kylian Mbappé por un Rodrygo Goes que jugó con una desidia incomprensible, perdiendo casi todos los duelos. El francés entró muy bien. El Madrid comenzó a ir a pares, subió líneas y superó claramente al Barça. Los de Hansi Flick, con espacios, encontraron situaciones para hacer daño, pero estuvieron muy desacertados, especialmente Raphinha.
Nunca en la temporada habíamos visto a un Real Madrid así. Y con esa presión alta, con Arda Güler (que puso cada balón que… tela) y Luka Modrić dándole forma a las posesiones y con Mbappé, Vinicius Junior, Bellingham y Fede —esta vez como lateral— brillando, el equipo blanco pudo haber ganado el partido. Además, todo esto coincidió con el peor tramo de fútbol que le he visto a Pedri en este curso.
Pero claro. Estaba Lamine. Se inventó un pase perfecto para Ferran, Courtois decidió salir (erróneamente) y Ferran lo superó para poner el empate.
En el Madrid también me gustó mucho, otra vez, Aurélien Tchouaméni. Muy pendiente de Dani Olmo, casi en marca individual. No le puso fácil recibir cómodo en el entre líneas, barrió muchísimo y fue durísimo en los duelos. Una actuación muy seria. Una más.
Por parte del Barça, toca comentar lo flojete que viene estando Raphinha. Como dije en mi perfil de X, si desperdicia situaciones tan ventajosas, al final se queda en un jugador de desmarques, presión… y poco más. Su fútbol depende mucho del acierto. Sensación de que no volvió de aquel partido contra Argentina. Ojalá recupere sus poderes (esa extrema puntualidad de cara a gol), porque el Barça le necesita. Si llega a estar mínimamente acertado, su equipo podría haberse llevado la final en los noventa minutos reglamentarios.
En contraste, pienso que Ferran estuvo muy bien. Se le ve muy fino en los apoyos y, como es habitual, con insistencia y buenos timings atacando la profundidad. Está completando un gran año. No es por tirarme flores, pero a mí siempre me pareció un perfil muy valioso.
En la prórroga, el Barça volvió a ser mejor (con un muy buen Fermín). Un punto mejor. Y en el 116, Jules Koundé anticipó un pase de Modrić —que estaba jugando un partidazo— y clavó el balón en la esquina. Imposible para Courtois. El error creo que es más de Brahim Díaz, por (no percibir y) esperarla. Pero el gol, un golazo. Y un broche para que se hable más de Koundé, gran infravalorado de la temporada del Barça. Es un marcador pegajoso, defiende de lujo el segundo palo, es un pasador preciso, entiende perfectamente cuándo atacar los espacios y se entiende de maravilla con Lamine. Temporadón.
El Barça, como el Madrid hasta hace no mucho, tiene una gran capacidad para activar lo que yo llamo el botón de la locura. Tiene con qué: calidad descomunal en jugadores como Lamine o Pedri. Y, sobre todo, creen. Siempre creen. Estos muchachos siguen en camino de ganarlo todo.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.