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A base de suela

Cuando Argentina recuperó la argentinidad

Argentina
Lionel Andrés Messi Cuccittini, Enzo Jeremías Fernández y Julián Álvarez.
MANUEL RODRÍGUEZ
Lunes, 23 de diciembre de 2024 - 10:00 | Tiempo de lectura: 1 min

A base de suela, así dominó Enzo Jeremías Fernández la Copa del Mundo de 2022. No literalmente, claro, pero es una buena forma de relatar lo genial que es Enzo y cómo el de San Martín jugó el torneo más importante del universo fútbol, tirando de argentinidad pura y dura, homenajeando a los Riquelme, a los Redondo o a los Aimar, y haciéndolo como si estuviera en el jardín de su casa con alguno de sus hijos.

Enzo no comenzó el Mundial como titular, pero estaba claro que debía serlo, o al menos yo lo veía así. La diferencia entre él y el resto de los mediocampistas argentinos me parecía abismal. Scaloni, por eso de respetar las jerarquías, esperó, pero ante las dificultades del equipo, decidió darle entrada. Los Mundiales son así, mucho de dinámicas, y si la tuya no es muy allá, como le estaba pasando a Argentina, que parecía haber perdido todo lo que la hacía favorita, toca mover fichas. Enzo ya había tenido minutos contra Arabia Saudí y México, y en ambos partidos aportó, y de qué manera. Ante los mexicanos, incluso, marcó uno de los goles del torneo, cerrando un partido que se le había complicado a la Albiceleste y que, como no podía ser de otra forma, había destrabado Messi.

A partir de su entrada en el once, la historia fue otra. Y eso que Enzo no jugó en su mejor rol o posición. De repente, Argentina recuperó la argentinidad que había perdido y volvió a jugar bien. A su manera. Parece aquí que estoy diciendo que la clave del Mundial fue él, y no, obviamente, la clave fue Messi. Pero Enzo, junto a Mac Allister (Julián también fue clave en el resurgir de Argentina, pero de otra manera), fue quien permitió que Argentina recuperara las bases que la habían llevado hasta ahí y quien logró que Leo recibiera la pelota en mejores condiciones que en los dos partidos anteriores.

A dos años de aquello, me parece bonito recordar cómo aquel chico de, por aquel entonces, 21 años dictó los ritmos de la que, a la postre, sería la campeona del mundo. Y no lo hizo ante mí o ante cualquiera de ustedes de los que están leyendo este artículo, lo hizo ante un Modrić o ante un Griezmann, en una semifinal y en una final de Copa del Mundo. Gardel estaría orgulloso de que tantos años después alguien honrase sus tangos.

Biografía

Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.