Se dice mucho que Dani Vivian es un central de los de antes, y sí, entiende el oficio como los de antes. Pero Dani no es solo un central de los de antes, es un central de los de ahora y de los de antes. Porque, aunque no se diga con intención de desprestigiar ni a él ni a esa manera de entender el oficio, conviene matizarlo: Vivian representa esa figura clásica del central, pero también demuestra que ese estilo, cuando tienes talento defensivo —como por supuesto es el caso de Dani—, sigue siendo igual de válido en el fútbol actual.
Un estilo que prioriza lo que siempre se ha considerado más importante para un defensa: defender. Sin distracciones, sin adornos, sin vivir más preocupado por lo que haces con balón que por lo que haces sin él. Dani es todo eso. No deja de lado las exigencias del fútbol moderno, pero entiende el puesto como se entendía antes: los centrales están para sufrir más que para disfrutar.
Vivian es un talento que podría haber brillado en cualquier época, pero que siente la profesión como lo hacían sus predecesores. El ejemplo perfecto, el día contra el Real Madrid. Como casi siempre desde que está Ernesto, el Athletic salió a morder los tobillos del rival, y a Dani le tocó vivir a 50 metros de su portería. Y lo hizo de maravilla. Dio una auténtica masterclass de cómo controlar alejados. Una cosa del fútbol actual, ejecutada con la sobriedad y el oficio de otra época.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.