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Sin un mínimo de fútbol, no hay milagros que valgan

Sin juego, no hay gesta. La pelota es la que dicta sentencia

Declan Rice y Gabriel Martinelli
Declan Rice y Gabriel Martinelli celebran la victoria frente al Real Madrid en el partido de vuelta de los cuartos de final de la Champions League 2024/25 en el estadio Santiago Bernabéu.
Jueves, 17 de abril de 2025 - 20:00 | Tiempo de lectura: 2 min

La remontada era improbable. Muy improbable. No había razones futbolísticas de peso para creer, pero era el Real Madrid. Era el Bernabéu. Era ese escudo que genera pánico y esa grada que ha visto como lo imposible se convierte en rutina. Si lograban un gol rápido, si se generaba ese ambiente favorable, ¿quién sabe? Es el Madrid. Si los de arriba tenían un gran día y lograban provocar ese tipo de estrés que puede hacer que al rival se le bajen los plomos, alguna opción había. No era cuestión de fútbol, porque el Madrid no lo tiene. Pero un mínimo, algo, sí parecía posible y necesario. Y ni eso.

No era realista pensar que este equipo iba a convertirse de repente en un buen equipo. El Madrid no tiene fútbol. Pero al menos cabía esperar un poco más. Algo. Y sí, hubo compromiso e intensidad. Salieron con la actitud que tantas veces faltó durante el año, pero eso no bastó. Porque sin juego, no hay gesta. La pelota es la que dicta sentencia.

No creo que sea solo un tema de entrenador. Es verdad que Carlo Ancelotti se ha estrellado una y otra vez con la misma piedra, pero también hay que entender lo que ha tenido entre manos. Era prácticamente imposible encajar de forma natural a Kylian Mbappé, Vinicius Junior, Rodrygo Goes y Jude Bellingham. Y no está claro que, sacrificando a alguno, el Real Madrid hubiese sido mejor o habría encontrado resultados distintos. Ancelotti sabía que esta plantilla no era tan buena como se decía. Ese mediocampo no es suyo. No es Ancelotti.

Tampoco creo que el Madrid necesite un técnico de esos que nos encantan porque sus equipos hacen triángulos, presionan tras pérdida, tienen amplitud permanente y buscan siempre el tercer hombre. El Madrid no es eso y no tiene por qué serlo. Lo que necesita es volver a tener buenos jugadores por detrás de la pelota y, sobre todo, relaciones sobre el verde. Detrás de la línea del balón hay poquísima calidad y no se aprecia que, entre jugadores, haya algún tipo de química. Los de arriba están obligados a hacer imposibles todos los días. Son buenísimos, sí, pero habría que tratar de darles algo. No es sostenible depender del golpe divino cada noche.

El Arsenal, por su parte, no me parece un superequipo, pero es un equipo. Muy bien construido. Camaleónico. Ayer, con los Declan Rice (por su zona no pasa ni el aire) y los William Saliba (cometió un grave error, pero completó una enorme eliminatoria), no sufrieron. En ningún momento. El Madrid empujó, lanzó centros sin ventaja, probó con más voluntad que claridad… y ni cosquillas. El Arsenal se replegó con orden y se sostuvo con una solidez admirable. Mikel Arteta ha construido algo muy serio.

En Europa, así termina el año I después de Toni Kroos. Sin buenos, no hay épica que aguante.

Biografía

Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.