Por desgracia para quien escribe este artículo, el Getafe salió a Pasarón con la activación necesaria para evitar cualquier susto e imponer la lógica, y lo consiguió. Aunque no lo hizo de la manera más estética de todas, los azulones estarán en los cuartos de final.
En la primera mitad, salvo la ocasión clarísima de Héctor y la interesante pero difícil oportunidad de Dalisson, vimos poquito del Pontevedra. La buena presión del Getafe hizo que al equipo le costase llevarlos a defender cerca de su portero, y cuando lo logró, faltó mucho ese pase dentro que moviera la sólida estructura de los de Bordalás. Esta vez, aunque no es nada fácil hacer eso que digo, sí se notó la falta de calidad de los de Yago Iglesias (en comparación). Para hacer daño a un equipo como el Getafe, creo que necesitas más celeridad en los primeros pases y si les encuentras la ventaja, ir a por ella. Pero el Pontevedra, las pocas veces que la encontró, no lo hizo. El Getafe no amenazaba, pero la verdad es que vivía bastante cómodo. La expulsión de Álvaro Rodríguez, autor del 1-0 (en el que creo que Vizoso pudo hacer un poco más —me dio la sensación de que pensó que el disparo se iba fuera—), dio esperanza a los de la «boa vila» de cara a la segunda mitad.
En la segunda parte, lo que debía intentar cada equipo estaba claro. El Pontevedra tenía que tirar de paciencia y arriesgar más ese pase dentro, aunque lo perdiese. Y el Getafe, mantenerse bien cerrado. Pues bien, el Geta cumplió, y el Ponte, dentro de que tampoco es que lo hiciese mal, no. Xabi Domínguez logró agitar el asunto desde su entrada, pero faltaron cosas. Con el Getafe trabajando muy bien, muy junto y sin responder casi nunca a estímulos una vez le hundían de altura (es decir, sin dejarse atraer por el poder hipnótico de la pelota), el conjunto lerezano siguió sin atreverse apenas a meter ese pase dentro. Además, creo que los ajustes de Yago Iglesias, salvo el cambio de Xabi, no ayudaron mucho. Álex entró fatal al encuentro y Dalisson pasó a la punta de lanza durante muchos minutos, y eso, con el Getafe tan bien cerrado y sin su equipo atreverse casi a meter balones dentro, lo mantuvo muy desconectado. Y él tampoco salió apenas de ahí para intentar conectarse. Xabi estuvo cerca de cambiar el destino del partido con un disparo al travesaño. Mario tuvo un intento lejano que se marchó cerca, y Iago Novo probó a Letáček con un muy peligroso golpeo. Pero como comentaba, la sensación en el juego fue de que el Pontevedra no daba topado con la tecla que le permitiese abrir el cerrojo del Getafe. Salvo que ocurriera una genialidad de Iago, que realizó una muy buena actuación, de Dalisson o del propio Xabi, no se intuía cómo el Ponte les podía meter mano.
El Ponte volvió a dar la cara ante todo un primera y lo intentaron hasta el final, pero la verdad es que eso no fue suficiente. Los getafenses lo hicieron muy bien. Entiendo que mucha gente saliese de Pasarón indignada con el Geta, pero así es el fútbol. Ellos juegan más que al límite del reglamento y lo hacen muy bien. Ese juego subterráneo lo manejan a la perfección.
Una pena la eliminación del Ponte, pero han caído con orgullo. El mundo del fútbol y, sobre todo, la gente de Pontevedra, servidor incluido, jamás olvidará la hazaña del equipo en esta Copa del Rey. En unos años, podremos decir con orgullo que presenciamos el fútbol de Dalisson en esta edición, cuando vacunaba a todo un Villarreal y a todo un Mallorca. Podremos decir con orgullo que vimos la volea de don Yelko Pino. Podremos decir con orgullo que vimos al Fernando Redondo del fútbol gallego, Samu Mayo, no titubear ni un poco ante todo unos primera división. Y lo más importante, podremos decir con la cabeza bien alta que «nós, si, nós, fomos dalgunha maneira partícipes da volta da lenda do hai que roelo»
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.