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La contradicción de Luis Enrique

El buen juego de posición no es aquel en el que todo es rígido, sino aquel en el que todo es dinámico

Curtis Jones y Gianluigi Donnarumma
Gianluigi Donnarumma detiene el penalti a Curtis Jones en el partido de vuelta de los octavos de final de la Champions League 2024/25 en Anfield.
Viernes, 14 de marzo de 2025 - 12:00 | Tiempo de lectura: 2 min

«Era un jugador que se movía por donde él quería. Eso implica que hay situaciones de juego que yo no controlo. El año que viene las voy a controlar todas. Sin excepción».

Con estas palabras, Luis Enrique, aparentemente hablando de Kylian Mbappé, dejaba clara su intención de imponer un control total sobre el juego de su equipo. Es decir, que todo estuviera bajo su dominio, sin espacio para lo imprevisible. Y, sin embargo, un año después, su Paris Saint-Germain está mostrando algo que, si bien encaja dentro del concepto de juego de posición, dista mucho de ser un sistema donde todo esté estrictamente controlado. Es, más bien, un juego de posición flexible, líquido, en el que las piezas no se atan a estructuras fijas, sino que fluyen con naturalidad dentro de ciertos principios.

En la sala de máquinas, Fabián Ruiz, Vitinha y João Neves intercambian roles y alturas con fluidez, ajustándose según la situación. En los carriles, Achraf Hakimi y Nuno Mendes no son meros laterales que doblan por fuera o cortan por dentro, sino futbolistas que pueden aparecer de extremos, interiores o incluso en posiciones más bajas para formar la salida de tres (normalmente, con Nuno). En el frente de ataque, Ousmane Dembélé no se limita a fijar como referencia central, sino que se mueve con libertad, mientras que Bradley Barcola y Khvicha Kvaratskhelia, lejos de quedar encasillados en la amplitud, interpretan los espacios con margen de maniobra.

Especialmente llamativo es el caso del georgiano. Luis Enrique está respetando su naturaleza al máximo. Sabe que Khvicha es un futbolista diferencial, de esos a los que no se les puede encorsetar, sino que hay que dejarles hacer. En su caso, el control no significa restringir, sino darle el contexto adecuado para que brille. Porque el buen juego de posición no es aquel en el que todo es rígido, sino aquel en el que todo es dinámico.

Entonces, ¿es Luis Enrique un mentiroso? ¿Sus palabras del año pasado revelaban una verdadera intención de imponer rigidez o solo trataba de asumir toda la responsabilidad, jugando con nosotros? Lo cierto es que su PSG no es un equipo caótico ni anárquico. Hay orden, hay estructura, hay patrones. Pero también hay fluidez, hay libertad dentro de un marco, hay jugadores interpretando el juego con inteligencia. Y, en el fondo, estoy convencido de que ese es el único control que realmente anhela el asturiano: no el que impone innumerables restricciones, sino el que permite que el juego fluya con naturalidad dentro de una idea clara.

Biografía

Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.