España, por segunda vez este verano (en fútbol), pero ahora ante Francia y en su casa, en París, se volvió a tomar muy en serio eso de «las finales no se juegan, se ganan». Comenzó el encuentro un tanto dubitativa, con una Francia que intentaba empujar y que encontró el 1-0 en un grave error de Arnau (que luego se repuso y de qué manera), pero tras el primer gol de Fermín I de España, empezó a jugar mejor y a encontrarle las grietas al conjunto dirigido por el gran Thierry Henry. Estos, al principio, lograron que la salida de España, por así decirlo, fuese sucia, cerrando el pase a Baena y a Barrios. ¿El problema? Que la presión que propuso Francia, al solo tener tres jugadores en el centro del campo cubriendo el ancho y ningún jugador por fuera más que los laterales, deja descubierto el lado débil y España, no sé si por orden de su técnico o por la propia inteligencia de sus futbolistas, se arrancó a meter muchísimo cambio de orientación y así se hizo dueña del partido, progresando de una manera más limpia. También ayudó, y mucho, que Álex Baena, que jugó un partidazo y metió un golazo, retrasase su posición y empezase a iniciar desde muy, muy abajo. Con esto España, como digo, se hizo dueña del partido y empezó a crear más oportunidades claras, a encontrar a sus medios más veces de cara, a sus jugadores de fuera más veces en buenas situaciones y, apoyada en su buen hacer defensivo (España estuvo muy compacta dentro, Fermín y, sobre todo, Baena y Barrios hicieron un trabajo brutal), se fue al descanso en ventaja (e incluso pudo haberse ido con más ventaja), con los goles de Fermín, que las huele todas, y de Baena.
A la vuelta del entretiempo, Francia, obviamente, iba a apretar y apretó. Hundió mucho a una España que tampoco hizo mucho por impedirlo, entiendo que pensando que, con el buen trabajo defensivo que venían realizando sus medios cerrando dentro, el sacrificio de sus hombres de fuera y el buen partido de sus centrales (Cubarsí y Eric García), podría aguantar. El tema es que cuando defiendes tan cerca de tu portero tanto tiempo corres el riesgo de que ocurran cosas como las que así ocurrieron, aunque el equipo rival no haga demasiado, como también fue el caso. En el equipo francés fueron destacables las actuaciones de un eléctrico Michael Olise, la de Akliouche, que entró muy bien al encuentro y mejoró claramente a Francia, y la del imponente Kouadio Koné.
A la prórroga, a la que nos fuimos con empate a tres, llegamos muchos pensando que iba a estar jodido el asunto, por la inercia positiva de Francia y porque con los cambios se nos había quedado un once bastante defensivo para afrontar la prórroga, pero España tiró de juego y, sobre todo, de oficio y solventó la papeleta, con dos goles (golazos) de un Sergio Camello que decidió vestirse de Fernando Torres con esas dos picaditas. En el primero, España pudo encontrar a Bernabé que sacó de posición al central francés y, con enorme sutileza, puso en ventaja al delantero del Rayo, que tiró de personalidad y de calidad y definió a la perfección por encima de Restes. En el segundo, ya sobre la bocina, decidió repetir definición, pero esta vez con la zurda, en una transición rápida fenomenalmente lanzada por Arnau Tenas.
Por parte de España, la campeona olímpica, las mejores actuaciones, en mi opinión, las completaron Fermín y Camello, aunque no hiciesen demasiado aparte de los goles, pero es que hicieron dos goles, Arnau Tenas, a pesar del error, Pablo Barrios, Baena y Cubarsí. También fue notable lo de Bernabé y Sergio Gómez.
Ay, Camello, tus ojos cómo nos recordaron a los de Fernando.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.