La pregunta de por qué o cómo un equipo como el Pontevedra, un club de la Segunda Federación, logró eliminar a todo un Villarreal seguramente rondó la cabeza de muchas personas al conocer el resultado. Pues bien, vamos a intentar explicar qué pasó.
¿Hubo demérito del Villarreal? Pues claro. En condiciones normales, no habría caído. Pero el Pontevedra hizo muchas cosas bien y demostró ser un muy buen equipo. Los de Yago Iglesias son un conjunto que maneja muchos conceptos, algo que quedó patente durante todo el partido.
El Pontevedra arrancó el choque con una gran energía, marcando territorio desde el primer segundo, y en el minuto 3 generó una ocasión clarísima tras un corte hacia fuera de su nueve (Charly) y un remate del extremo derecho (Xabi Domínguez) que iba directo a portería. Este inicio reflejó las intenciones del equipo local: dominar desde la pelota y defender hacia adelante.
En la salida de balón, el Pontevedra demostró un trabajo muy elaborado, con laterales en posiciones bajas, centrocampistas distribuidos a diferentes alturas (destacando Samu y Yelko Pino —el interior más cercano a la base—) y extremos junto al delantero fijando la última línea. Este orden y el buen pie de sus futbolistas permitió manejar los tiempos con criterio, alternando entre construir por bajo y buscar cambios de orientación, especialmente desde Fontán (lateral derecho) hacia el lado izquierdo.
El Villarreal, por su parte, comenzó con una cierta intención de robar alto, aunque más enfocado en forzar errores que en presionar de forma agresiva. Pero con el paso de los minutos, el Pontevedra le fue obligando a bajar la altura de su bloque.
Los de Yago Iglesias lograron recuperaciones rápidas tras pérdida, como la que protagonizó Yelko en el minuto 6, la cual generó una buena situación de finalización. Los granates demostraron mucha valentía en ese aspecto. Y esa valentía y construir tan bien y con tanta calma y criterio los ataques (no arriesgaron casi pases por dentro) les permitió mantener un 75 % de posesión en la primera mitad.
Pese a dominar la pelota, el Pontevedra, por la más que notable falta de calidad individual (en comparación), no generó un volumen alto de ocasiones que digamos. Destacaron acciones como la llegada al área de Chiqui en el minuto 8 tras una posición interiorizada de su lateral izquierdo que le permitió recibir en situación de 1 contra 1, o la gran acción individual de Xabi Domínguez en el minuto 10. Héctor y Chiqui lograron progresar por fuera en varias ocasiones gracias a su sociedad, aunque sin demasiado éxito en los metros finales (Chiqui lo intentó mucho, pero estuvo muy errático).
Defensivamente, el Pontevedra, como decía antes, estuvo muy bien. Apretando de manera eficaz y eficiente la pérdida, con un Manu Vizoso que estuvo impecable cortando cualquier intento de transición con cierto peligro del Villarreal. Destacar también el perfecto trabajo que realizó Iago Novo sobre la recepción de Parejo, dificultando la construcción de los visitantes.
El Villarreal, en cambio, como decía, apenas inquietó al rival, logrando su primer disparo en el minuto 15, sin peligro alguno. Rara vez pudo progresar limpio a través del pase, y las pocas veces que lo logró, las pérdidas de balón fueron constantes.
En resumen, el Pontevedra dominó la primera mitad con un control total de la posesión, movimientos coordinados y un trato de balón muy destacado de jugadores como Yelko Pino y Samu Mayo. Aunque le faltó algo en los metros finales (calidad), eso sí. Pero ya digo, fue muy superior.
En el segundo tiempo, el Pontevedra mantuvo su valentía y dejó claro que la noche iba a ser suya.
La reanudación del encuentro mostró a un Pontevedra fiel a su idea, decidido a no ceder terreno al Villarreal. Samu Mayo arrancó el segundo tiempo como un ciclón, recuperando balones en campo rival y generando ocasiones tras ellos. En el minuto 48, su presión permitió que Iago Novo tuviera una opción clara que fue bloqueada por la defensa amarilla. Poco después, otra recuperación alta de Mayo desembocó en un disparo de Charly al lateral de la red.
El Villarreal, aunque intentó adelantar líneas en los primeros compases, no encontró premio. Casi siempre se quedaba lejos de robar. A balón parado tuvo su mejor ocasión del tramo inicial del segundo tiempo, con un remate de Thierno Barry tras un córner que no inquietó a Manu Vizoso. La solidez de los centrales granates, Garay y Mario Gómez, fue clave para neutralizar cualquier intento de los visitantes.
En el mediocampo, Yelko Pino demostró la calidad que atesora. Con una serenidad asombrosa, manejó los tiempos del partido y ofreció soluciones constantes, incluso cuando el Villarreal intentaba presionar con más intensidad. Samu Mayo, por su parte, se erigió como el gran pulmón del equipo, imponiéndose tanto en la recuperación como en la distribución. Ambos centrocampistas estuvieron muy por encima de sus homólogos del Villarreal.
El Pontevedra, lejos de conformarse con el empate, siguió buscando el gol. En el minuto 61, una combinación entre Yelko y Héctor, quien destacó con sus incorporaciones interiores (se metía dentro para liberar la recepción de Chiqui —que siguió muy errático— y así también tener dentro un hombre más para defender la posible transición), terminó con una chilena del primero que estuvo cerca de convertirse en un golazo. Héctor volvió a ser decisivo en tareas ofensivas, mientras Fontán, desde el otro lateral, se encargaba más de equilibrar.
Los cambios introducidos por Yago Iglesias en el minuto 66 elevaron aún más el nivel del Pontevedra, mejorando al equipo tanto en consistencia como en amenaza ofensiva. Álex González, el capitán granate, entró por Héctor (partidazo) y dejó una impresión excelente desde el primer minuto, mostrando frescura, intensidad y un manejo de los tiempos perfecto para reforzar el control del equipo. Rufo reemplazó a Charly, que, aunque no estuvo brillante con balón, realizó un trabajo muy valioso sin él, ofreciendo soluciones en profundidad, una tarea ingrata pero imprescindible. Por último, Dalisson, el jugador más determinante del Pontevedra (por lo que he leído), volvió a ser clave. Su desborde, creatividad y calidad desde la mediapunta le dieron mucho al conjunto lerezano. Por su parte, Marcelino intentó revolucionar al Villarreal con Gerard Moreno, Ayoze Pérez y Santi Comesaña, pero el impacto fue mínimo.
El paso de los minutos no hizo más que confirmar el dominio del Pontevedra, que recuperaba el balón con rapidez tras cada pérdida y apenas daba opciones al Villarreal. Cuando el partido parecía encaminarse al empate, llegó la jugada decisiva. En el minuto 86, una pared entre Dalisson y Iago Novo permitió al primero acomodarse el balón con la rodilla y sacar un zurdazo desde fuera del área que se coló dentro de la red. Pasarón estalló. Era el premio merecido para un equipo que había sido superior en todas las facetas del juego.
En los últimos minutos, el Villarreal intentó volcarse en ataque, pero sin demasiada fe ni claridad. Ni siquiera una falta lateral en el descuento logró inquietar a un Pontevedra que cerró filas con solidez.
Por méritos propios, el Pontevedra se ha ganado el derecho a soñar. Al que le toque jugar en Pasarón «vai ter que roelo».
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.