Ayer volvían al once Lamine, Olmo, Casadó y Balde, y, ni aun así, el Barça arrancó con buen pie. Terminó goleando, pero, sobre el verde, hasta que Lamine no se puso el esmoquin, no consiguió hacer valer verdaderamente su superioridad. Lo que antes era todo de color de rosa, ahora, en los últimos encuentros, parecía teñido de negro. Hasta que apareció Lamine, claro. Como digo siempre, las cosas de los buenos.
Pero vayamos al juego. En el Barça se notó, y mucho, esta mala dinámica. Hubo muchas situaciones en las que el partido no pedía ser vertical, y el equipo lo era. Y en otras, aunque menos, donde el partido pedía más electricidad, no se la metían. Por ejemplo, recuerdo una clarísima de Balde para ir a la yugular del rival, pero no se atrevió a hacerlo. A Iñaki le presionaron dos jugadores del Mallorca, los eliminó con un pase y encontró a Balde, pero este, en lugar de aprovechar la ventaja generada, volvió a caminar lo andado, por así decirlo. Y luego, como decía, hubo situaciones en las que no tocaba vértigo y sí se lo metían. Se me vienen a la mente varias (y no pocas) pelotas frontales sin demasiado sentido de Iñigo hacia Ferran.
Estas dinámicas suelen traer poca confianza, lo que lleva a tomar malas decisiones, además de precipitación por querer que caiga el gol rápido. En definitiva, malas decisiones. Es verdad que el Barça tuvo situaciones para ponerse con un marcador más cómodo antes, pero bueno. A nivel general, fue un partido pobre, en mi opinión. Pocas veces se recuperó el balón alto, por esa precipitación que comentaba. Esto obligaba a los de Flick a reiniciar constantemente los ataques desde su portero o sus centrales. Hasta que Lamine no se vistió de gala, solo hubo momentos de clarividencia cuando él mismo, en los primeros minutos, se conectó más al partido y sus compañeros hicieron por conectarle.
Lo que lo decidió todo, cómo no, fue el bueno. Como ya repetí varias veces a lo largo del texto, Lamine se puso el esmoquin y resolvió definitivamente el partido. Tiró de «trivela», que dirían los brasileños, y Raphinha hizo el resto. Luego, por si fuera poco, repitió maravilla en el gol de Frenkie de Jong. Cosas de los buenos. Bueno, del crack, en este caso.
Veremos si esta victoria supone un punto de inflexión para que el Barça recupere su confianza y vuelva a desplegar esa versión arrolladora de hace no tanto. Todo dependerá, como siempre, de que no les pase nada a los buenos.
Manuel Rodríguez Rosales (Pontevedra, 2001) es estudiante de Turismo. Apasionado del fútbol y siempre tratando de entender los porqués.