Pedro Sánchez acaba de convocar elecciones. Es momento de elegir bando.
O la ingeniería demográfica y la invasión migratoria que arrasan la identidad y la seguridad de nuestros barrios, o la preservación incondicional de nuestra tierra.
O un poder corrupto hasta las entrañas, capaz de ordenar asesinar a la jueza que osaba investigar al hermano del «uno», o la restauración de la ley, la justicia y el Estado de derecho.
O un régimen que abandona a su suerte a los compatriotas bajo el barro de la dana y condena al olvido a los compatriotas de La Palma entre contenedores mientras subvenciona el banquete del multiculturalismo, o la dignidad innegociable de nuestra gente.
O una España de colas donde el español siempre queda el último, o el principio sagrado de la prioridad nacional.
O la saturación de nuestros servicios públicos, con una sanidad y una educación desbordadas por la inmigración masiva, o un Estado que garantiza atención digna a sus ciudadanos.
O la desidia criminal, la corrupción y la ineptitud de un Gobierno que deja morir a los españoles en los trenes, o un país que protege la vida y la seguridad de los suyos.
O una vivienda inalcanzable y unos sueldos de miseria que impiden formar una familia, o la prosperidad de quienes levantan este país con su esfuerzo.
O la inflación confiscatoria y la regulación infinita, o la libertad económica de nuestra nación.
O el fanatismo ideológico que nos aboca al colapso y al apagón, o la soberanía energética.
O la entrega de Ceuta por el candidato de Marruecos en España, Pedro Sánchez, o la defensa implacable de hasta la última pulgada de suelo patrio.
No hay término medio. O Sánchez, o España.