Si Pedro Sánchez no consigue culminar el enésimo intento de pucherazo, una de las primeras medidas de un Gobierno de PP y VOX debe ser eliminar por completo la financiación pública de los sindicatos, medios de comunicación, oenegés y, en general, cualquier asociación civil.
No es una cuestión menor. No es casualidad que, con las elecciones a la vista, la izquierda haya vuelto a intentar tomar la calle para protestar contra la derecha. Sí, los que llevan ocho años en el poder haciendo oposición a la oposición.
Es una guerra cognitiva para desviar la atención de que ordenaron a un clan gitano vinculado al narcotráfico eliminar a la jueza Beatriz Biedma, de la invasión marroquí de Ceuta, del caso contra José Luis Rodríguez Zapatero y del juicio contra Begoña Gómez… y de que son ellos mismos quienes han creado el problema de la vivienda en España.
No han tenido la más mínima vergüenza en pervertir el desahucio de una anciana, provocado, entre otras cosas, por una ley socialista que acabó con la ley de arrendamientos franquista que congelaba las rentas del alquiler y permitía la subrogación infinita.
Esto es solo un pequeño adelanto de lo que puede encontrarse una coalición de derechas cuando llegue a la Moncloa. Por eso deberían mirar a Argentina y a Javier Milei.
Durante los cuatro años del anterior gobierno peronista, que había destruido el país hispanoamericano, no se manifestaron ni una sola vez.
Le siguió una segunda marcha, bastante más escuálida. Y luego otra aún menor. Hasta que, sin los recursos ni los medios de coacción necesarios para sostenerlas, fletando autobuses y obligando a los necesitados de las ayudas estatales a recibirlas a cambio de ir con ellos, fueron perdiendo toda su capacidad de movilización. Ya no hay ni siquiera piquetes en Argentina.
¿Qué creen que va a ocurrir si Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal no hacen lo mismo aquí? Se lo adelantamos nosotros: el primer día habrá una manifestación contra el gobierno por la vivienda. Después vendrá otra por la sanidad. Luego otra por cualquier otro motivo.
Y así, cada problema, que llevará su tiempo solucionar, terminará convertido en una movilización contra quienes acaban de llegar al poder. Problemas heredados de ocho años de izquierdismo serán usados contra el nuevo gobierno.
Su capacidad para psicopatear es tremenda, pero nuestro compromiso para combatirlos sin complejos y quitarles sus viles armas políticas, usando el desastre que ellos han generado contra nosotros, debe ser mayor.
Además, no solo es una cuestión de eficacia política, sino también de justicia: el dinero de los pagadores de impuestos no debe utilizarse para financiar estructuras que deberían sostenerse por sí mismas.