Esta mañana, el abogado José María de Pablo ha citado en X (antes Twitter) en dos ocasiones al jefe de Investigación de El Confidencial, José María Olmo, bromeando y restando importancia a una información clave que vincula a Begoña Gómez con Víctor de Aldama, revelada gracias al excelente trabajo de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil.
Las respuestas a este tuit demuestran cómo un titular tendencioso es capaz de engañar a quien no entra a leer la noticia. https://t.co/UzGF1OFCNZ https://t.co/nSRAFMpiP6
— José María de Pablo (@chemadepablo) February 3, 2025
Hasta aquí, en principio, no habría ningún problema, salvo por un detalle fundamental: resulta indecente presentar una opinión como desinteresada e imparcial cuando, en realidad, María de Pablo es el abogado de María Cristina Álvarez, asesora, secretaria personal y amiga íntima de Begoña Gómez, contratada de manera discrecional con dinero público por el presidente socialista del Gobierno, Pedro Sánchez.
Gómez y Álvarez son como almas gemelas. Ríen al unísono, visten de forma similar y comparten confidencias. Trabajaron durante años en la empresa de marketing Inmark. Y juntas llegaban a la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y celebraban con entusiasmo las manifestaciones del Día Internacional de la Mujer, los mítines y otros eventos del PSOE. Incluso estuvieron ambas en el Congreso de los Diputados el día de la moción de censura que llevó a Sánchez a la presidencia de España.
Pero el nombre de Cristina Álvarez solo salió a la palestra cuando un exvicerrector de la UCM, Juan Carlos Doadrio, acusó a la «primera dama» de valerse de un asesor público de la Moncloa para sus intereses privados.
Precisamente, Doadrio declaró hace apenas dos semanas ante Juan Carlos Peinado en calidad de testigo y, por tanto, con la obligación de decir la verdad, y apuntaló la implicación de Álvarez en el uso de su cargo público para fines privados de su amiga Gómez. La utilización de una asesora del Ministerio de Presidencia como asistenta personal abre la puerta a un posible delito de malversación de caudales públicos.
Testimonios y correos electrónicos incorporados a las diligencias reflejan que esta mujer intervino en los negocios privados de la pareja de Sánchez, al menos, entre julio de 2020 y febrero de 2024. Begoña Gómez la utilizó para exigir a empresas del Ibex que inscribieran a directivos en los dos másteres que dirigía, así como en gestiones relacionadas con su cátedra de Transformación Social Competitiva y en los trámites que dieron lugar a la creación de un software para su máster en la Complutense, del cual finalmente se apropió presuntamente de manera indebida.
Una vez dicho todo esto, es lógico suponer que José María de Pablo debería abstenerse de comentar casos en los que es parte interesada, encubiertos infamemente con una falsa apariencia de neutralidad y equidistancia.
Pero, por si esto fuera poco, ha comenzado a bloquear a cualquiera que, ya sea de forma educada o no, señalara que estaba actuando de manera vergonzosa para favorecer los intereses de su clienta. Una mancha en el historial imposible de borrar.