El PP sigue sin comprender lo que está en juego

No bastan medidas tibias y meramente cosméticas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo.

El PP anuncia ahora que quiere retirar la nacionalidad a los inmigrantes que cometan delitos graves. ¿Y qué ocurre con quienes hurtan, estafan, agreden, ocupan viviendas o hacen del delito su forma de vida? Para ellos, por lo visto, la nacionalidad sigue siendo perfectamente válida.

Este supuesto endurecimiento del discurso migratorio llega tarde y responde, sencillamente, a un cálculo electoral. No hace falta mirar muy lejos para comprobarlo.

Uno de sus principales estandartes, Isabel Díaz Ayuso, sigue con su cantinela del «Madrid de todos los acentos», donde, curiosamente, caben todos menos el español.

Y hasta Xavier García Albiol, probablemente una de las voces más duras del PP en esta materia, sigue diciendo que «necesitamos inmigración».

Es gravísimo que el primer partido de España siga sin entender, a día de hoy, la amenaza existencial a la que se enfrenta el pueblo español por la alianza entre izquierdistas, islamistas e hispanistas. No bastan medidas tibias y meramente cosméticas.

Esto también es, por cierto, una llamada de atención a los españoles de bien que creen ingenuamente que el PP es la solución y que deberían replantearse su voto y considerar a VOX como el único partido político con posibilidades de impulsar cambios reales en la buena dirección.

En las próximas elecciones se juega el destino de la patria: el de sus idiomas, su cultura, sus tradiciones y su historia, así como su integración en el primer mundo occidental, con todo lo que ello implica para la preservación de un modo de vida basado en la libertad individual y en la prosperidad que de ella se deriva.

Basta de actuar como si hubiera que pedirle permiso a la izquierda que ha arruinado el país para poder llevar a cabo esta o aquella reforma. Hay que hacer todo lo que sea necesario y, cuanto más rápido, mejor. Hay que acabar de un plumazo con todas las ideas que han humillado y destruido España.

Suecia es el ejemplo perfecto de lo que ocurre cuando una derecha acomplejada endurece la política migratoria, pero no se atreve a llegar hasta donde exige la situación.

El «VOX» sueco reclamaba medidas mucho más contundentes, pero el «PP» sueco no se atrevió a aplicarlas. El resultado está ahí: la izquierda vuelve al poder apoyándose en un electorado inmigrante cada vez más importante. Y los suecos quizá ya no puedan recuperar nunca su país sin recurrir a la guerra.

Menos mal que aquí está el verdadero VOX para plantarse con firmeza y torcerle el brazo al PP cuando este no se atreve a llegar hasta donde las circunstancias exigen.

Porque, si por el PP fuera, probablemente tendríamos a Pedro Sánchez para el resto de nuestros días.